Testimonio de Pat Casalà

Testimonio de Pat Casalà

patA veces la vida me sorprende con cambios radicales de forma de actuar, de sentir y de tener conexiones con personas que con el tiempo se convierten importantes para mí.

Recuerdo la primera vez que fui a una clase de Fran. Acababa de aterrizar en un gimnasio nuevo, sin saber muy bien qué esperar de las instalaciones ni de los profesores, con todas mis esperanzas en un saco lleno de expectativas e ilusiones. Me coloqué en primera fila, en un sitio que con el tiempo se convertiría en un habitual, con mis nervios en punta y la emoción de regresar a una clase de baile. Hacía años de la última vez.

Me preguntaba: ¿sabré bailar? ¿Me acordaré de cómo moverme? ¿Mi cuerpo habrá olvidado lo que se siente al escuchar los acordes llenarte de vitalidad?

Entonces apareció Fran con su sonrisa, con esa manera tan suya de hacerte sentir capaz de alcanzar la luna con tus manos, con su energía, su vitalidad contagiosa y esas ganas de darte un pedacito de felicidad mientras te transporta al mundo de la música y te muestra cómo moverte al ritmo de canciones actuales sin perder la sonrisa.

Fue un catalizador para los años de sequía de baile, consiguió darme alas para vencer las reticencias iniciales y conectar con mi yo interno para darle movimiento a mi cuerpo al ritmo de canciones míticas. Con él aprendí a dedicar esas horas semanales a disfrutar de un rato de ejercicio, a dejarme seducir por los pasos que nos mostraba sin perder en ningún momento esa sonrisa contagiosa.

Bailar es un alteo constante del corazón, una manera de llegar a tu alma con emociones, un camino directo a la felicidad. Y Fran es un maestro a la hora de despertar el ritmo, de llevarte a la cima de tus ilusiones y mostrarte cómo vaciar tu mente durante una hora para dedicarla a vibrar con sus pasos.

Desde entonces volví a bailar de manera regular. Entre las asistentes a sus clases se creó una sincronía perfecta y empezamos a salir por ahí algunas noches, a bailar en las discotecas, a disfrutar de la predisposición de nuestro profesor a ser parte de un grupo.

Nunca olvidaré algunas canciones míticas de aquella época, como Ni una sola palabra de Paulina Rubio…

Con el tiempo la vida nos ha llevado a construir una amistad y me alegro de tenerle entre mis amigos, de ver cómo comparte su arte con los demás sin perder nunca su buen humor ni su sonrisa.

Fran imprime la misma ilusión en cada faceta de su vida, es capaz de transmitir alegría, positividad, emoción y un sinfín de sentimientos que llenan los corazones de alegría. Ir a una de sus clases es sonreír, pasarlo bien, disfrutar y conectar con uno mismo a través de la música.

Hace muchos años decidí iniciar un camino lleno de baches. Desde niña deseaba convertirme en escritora y pensaba que era sencillo, que solo necesitaba darle vida a mis mundos imaginarios y de repente tendría a una editorial pujando por mi libro. El camino fue más largo de lo esperado, pasé malos momentos y cada una de las clases de Fran lograba despejar mi mente para llenarla de una hora de mágica felicidad.

El tiempo me ha llevado a publicar, a vibrar con cada historia, a sentir cómo lo importante de escribir es la creación en sí. Ahora tengo lectores, algunas novelas publicadas y cuatro contratos para 2017 bajo el brazo. Fran estuvo en mi última presentación, compartió conmigo ese pedacito de su tiempo para conseguir una de mis sonrisas.

Escribir es una aventura diaria, una manera de prestar mi imaginación a los personajes que se apoderan de mi mente para traspasar la frontera entre dos mundos y plasmarse en el papel formando historias. La música y el baile ayudan a estimular la inspiración.

Os invito a descubrir mis libros y a leerlos acompañar la lectura con una buena música de fondo después de una apoteósica clase con Fran.

Mi Página web: Pat Casalà

¡Un beso!

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